The simple life. Así, en inglés. Fue la frase que más me llamó la atención de un artículo sobre una pareja que había ahorrado grandes cantidades de dinero para disfrutar de su vejez, viviendo una vida simple.
Contaba el matrimonio que durante años usaron su dinero de manera muy precavida: no cambiaban los enseres domésticos si los viejos funcionaban, evitaban gastos extravagantes, compraban artículos de calidad y durabilidad, y disfrutaban de placeres sencillos y poco costosos. Cuestionaba esta sabia pareja el que ahora se gaste más de un dólar en una taza de café, que se cambien los autos sin señas de deterioro, o la tendencia a redecorar las casas cada cinco años. En la planificación financiera, como en la vida toda, la mayoría de los líos que tenemos, y que nos alejan de una vida simple, los creamos nosotros mismos con ideas equivocadas de lo que nos puede hacer mejores personas, lo que nos da la felicidad, lo que necesitamos y queremos.
Yo quiero la vida simple. Una existencia en la que sean muy pocos los actos sin sentido y los desperdicios de energía. Con sólo lo necesario para ser más. Sin estorbos artificiales – me bastan los naturales que trae la vida. Una vida simple, que no quiere decir simplista, ni pobre, ni fácil, ni sosa.
Lamentablemente, soy una persona bastante complicada, a pesar de mis esfuerzos. Mis rollos son tan enredados que ni yo misma los entiendo. A eso se suman las complicaciones que conlleva la vida en familia al juntarse los rollos de todos.
Por ejemplo, hace tiempo escogí trabajar por mi cuenta, no ser empleada, pensando que sería más fácil la vida personal y familiar. Ni tan fácil. Todo tiene sus ventajas y desventajas, y en un país tan extraño como el nuestro, muy pocas cosas fluyen con facilidad.
¿Cómo qué? Bueno, pues esas cosas que escuchamos por ahí:
-Las relaciones que no funcionan pero que no queremos romper
-El presupuesto familiar que tenemos que rehacer todos los meses
-Las manías de este mes de nuestros hijos
-Las expectativas irreales que nos ponemos nosotras mismas
Y tanto más.
Por mi parte, estoy decidida a hacerme una vida simple: pensar mejor mis estrategias de trabajo, cuestionar más en qué gasto mi dinero y mi tiempo, revisar mis prioridades, deshacerme de todas esas cosas que estorban – incluyendo las emociones mal puestas.
Les comparto este espacio, para que pongamos en común nuestras ideas, lo que nos ha funcionado, lo que no. La invitación es a inspirarnos unos a los otros a vivir la mejor vida posible: una existencia simple y con sentido.
DCT
domingo, 22 de junio de 2008
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1 comentario:
La vida simple es entonces una complejidad. La simplicidad de mi vida, esa simplicidad que también anhelo, se complica cada día y en el silencio la vuelvo a encontrar.
Gracias por compartir tus ideas/reflexiones cotidianas. Te animo a seguir escribiendo, pues el escribir es un alivio poara el alma.
Un abrazo,
Tony
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