Aprendí a correr bicicleta hace escasamente dos semanas. Cuando digo que aprendí, realmente significa que puedo correr por unos 10 a 15 minutos seguidos, en línea recta, siempre y cuando no haya niños que se me crucen en el camino, carros con los que pueda chocar o perros que me saquen de concentración.
En estas dos semanas he tratado de practicar con frecuencia, a ver si domino la destreza. Pero lo cierto es que todavía me duelen los primeros golpes, y ya tengo otros encima de esos. Mientras hago inventario de los moretones y rasguños, vuelvo y me pregunto por qué sigo intentando. Aquí las razones que me doy a mí misma:
- La original: para que todos en la familia hagamos ejercicios, o al menos alguna actividad al aire libre, juntos. Después del baile, el gimnasio, la yoga, el Wii, el Kinect y otras vainas que termino usando yo solita, me rendí. No me quedó otra que aprender a correr bicicleta, que es lo que ellos dicen que de verdad, de verdad les gusta. Pues ya no tienen excusa…
- Sol, brisa, árboles, calle. Las tardes de enero son hermosas, frescas y, gracias a las estaciones del año, breves. Nota al calce: Las guías de seguridad dicen que no es recomendable correr bici de noche. Mi agradecimiento a quien inventó las guías de seguridad.
- Para estar fuera de la casa a la hora de los noticiarios y La Comay. La mejor de las razones en estos tiempos en que las pruebas de dopaje, cabelleras escasas y todo lo que ya ustedes conocen ocupan el tiempo de las noticias.
- Ver a los vecinos. Antes caminaba de noche, cuando la mayoría ya está frente a sus televisores. Ahora los veo… y me ven. Algunos me saludan con pena. Ya hay uno que cuando regresa a su casa del trabajo me cede el paso y deja una distancia prudente para que no me asuste. Veo también a los hijos de los vecinos en sus bicicletas y patinetas. Supongo que cumplo la honorable función de divertirlos en el papel de la señora loca de la bicicleta, la que grita cuando se va a caer.
- Es una excelente metáfora de la vida. “Aprieta el abdomen para hacer balance, relájate, y tírate”, realmente quiere decir “Aprieta el alma, no pienses, y atrévete”. O cuando desgloso mentalmente los pasos para hacer un viraje: A veces, para ir hacia la izquierda hay que moverse un poco hacia la derecha y hacer la curva más abierta…
- Para recordar cómo se siente tener cinco años. Nunca hay que subestimar lo fácil —y lo difícil— que es tener cinco años. Sí, ellos aprenden rápido y se recuperan inmediatamente de los golpes, pero tienen que atreverse a hacer cosas sin ningún marco de referencia. Son los más valientes.
- Algún día, cuando pueda estar más de media hora corrida sobre la bici, quemaré suficientes calorías como para decir que hice algo de ejercicio.
- Y cuando llegue la temporada lluviosa, tendré excusa para no hacer ejercicio – no tengo intenciones de correr bici bajo la lluvia.
- Por eso de parecerme un poco al País: hay que moverlo un poco para que avance; y cuando se estanca, hay que empujarlo.
- Para seguir con la tradición personal de no quitarme hasta que lo logre.
- La ñapa: Porque sí. Porque puedo. Hay quien no puede caminar, levantarse, trabajar. A nombre de ellos, a pedalear.
Si a alguien se le ocurre alguna otra razón válida que me sirva de motivación, es bienvenido a compartirla. ;-)
