viernes, 1 de julio de 2011

Una sola cosa

Una sola cosa buscaba. Una sola cosa buena en el país para celebrarla. Esta semana, la búsqueda fue complicada. Pero lo que encontré me está ilusionando.

Mis conocidos de FB saben que, desde hace varias semanas, todos los viernes identifico al menos un acontecimiento o individuo que me parezca digno de celebración colectiva. No es changuería de optimismo sentimental. Resulta que tengo fama de criticar mucho y ser “voice of doom” (como se engaña una, yo que me considero una persona de esperanza, de “protesta con propuesta”). Así que para no caer tan mal (no que me importe mucho cómo caiga, pero por eso de no quitarle la paz a nadie), y en contra de mi enraizada formación periodística, quise explorar eso de fijarme en lo positivo en lugar de lo negativo.

Aquí hago un paréntesis para explicar al universo de no periodistas que la cantidad de noticias “negativas” en los medios no responde a una obsesión enfermiza de quienes trabajan en ellos, ni a una aversión a la felicidad (aunque debe haber algún caso de eso). El origen de la profesión fue precisamente la necesidad de denunciar lo que no funcionaba en una sociedad y plantear otras visiones y caminos. Aprendimos que es positivo que se sepa lo que no funciona, porque entonces podemos arreglarlo. Claro, está todo el asunto del “agenda setting” y demás, pero eso es otra historia. A lo que voy es que tengan paciencia, por favor, que me es muy duro esto de ver un mundo de noticias “positivas” cuando tenemos problemas serios. Cierro paréntesis.

Decía que empecé a buscar. Pero, como yo soy yo, no iba a invitar a nadie a celebrar lo lindo que está el día, ni que respiramos. Ni a aburrirlos con mis pequeños logros. Todo eso es muy digno de agradecimiento a la vida, y que cada cual lo haga a su manera. A mí me dio con reconocer aquello que implica un bien colectivo: los esfuerzos de individuos para superarse y construir con otros; el compromiso comunitario; los intentos de hacer un país mejor... A mala hora.

Ya habrán visto que escogí el peor momento para mi búsqueda. Perdón, ya estoy negativa de nuevo. Empiezo otra vez: Ya habrán visto que escogí un momento de grandes retos sociales. Las últimas dos semanas se pasaron, entre asesinatos, crímenes contra niños, violencia machista, impunidad en las esferas de poder… Digo, [qué fuerte es esto] las últimas dos semanas nos han planteado muchas áreas de oportunidad para mejorar nuestra vida en sociedad y replantearnos nuestros valores… [uf, esa me dio trabajo.]

Persistente en mi intento, celebré lo que me era obvio en mi esquema mental. En el país hay muchos construyendo futuro en el anonimato, desde comunidades, iglesias, organizaciones sin fines de lucro, negocios y el servicio público. Pero también me salí de mi zona de comodidad y celebré otras cositas, incluyendo —merecido lo tiene— a Barea. Hasta ayer.

Ayer, las noticias sobre Piculín y el récord de muertes del mes llegaron justo cuando pensaba en qué celebrar hoy. Y me cogí diciéndome a mí misma: “por suerte Javier Culson salvó el día”. Tuve que parar en seco (sin ofensa para Culson, que no es personal), y escuchar mi “voice of doom” interna:

[Esto por favor lo leen en ese tonito de estar como agua para chocolate.] Mira, te voy a decir UNA COSA. Estamos mal, hay mucho que hacer, y no estamos para perder tiempo. ¿Te ganaste una medalla, una corona, un diploma, un disco de oro o la Loto? Qué bueno. Agradece al cielo y a todos los que están en tu lista y dale pa’ lante que pa’ luego es tarde. ¿Que algún proyecto gubernamental está funcionando? Pero, ¿y es que eso hay que celebrarlo, no es para eso que existen? Nuestra expectativa es que funcionen, no que fracasen. Así que si terminaron, arreglen el próximo. ¿Qué alguien está poniendo el nombre de Puerto Rico en alto? Muchas gracias por alimentarnos el ego y la identidad. Se aprecia, en serio, la aportación a la autoestima colectiva. Pero en este momento, digo yo, como que lo que nos urge poner en alto es LA VIDA y LA DIGNIDAD.

¿Dónde se reúne el grupo de apoyo para las que tenemos escasez de afirmaciones positivas? ¿El universo al que hay que declararle las cosas tiene un programa de 12 pasos para las recaídas?

Yo insisto. Es verdad que vamos construyendo sobre logros menores que abonan al macro. Como dicen en los maratones, no hay aportación pequeña. Pero, bendito, hay que atender el macro con estrategia y visión, porque nos corremos el riesgo de quedarnos en lo chiquito y no resolver lo grande. Necesitamos más. Yo quiero más. Y yo sé que es posible más. [¿Vieron que sí tengo esperanza?]

Con estas ideas me debatía a mí misma, cuando caí en cuenta de que las señales de una nueva visión se van dando. Son señales tenues, pero valiosas. Dirán que soy la peor, pero hoy voy a celebrar dos situaciones que parecen negativas: La primera, que algún político quiso insultar a otro con una referencia al autismo, y quedó arropado por una ola de indignación pública. Celebro tanta indignación. Que se repita, que razones sobran para estar indignados. La segunda, que el pueblo está consternado, anonadado y casi catatónico con la situación de Piculín. Pues yo me alegro. No por Piculín, sino por nosotros. Porque por fin gente que no toca el tema está cuestionando de qué estamos hablando cuando mencionamos la economía subterránea y su espiral de violencia; qué significa medicalizar algunas drogas; y la relación entre la frágil (por no decir artificial) estabilidad aparente y el desmoronamiento social y emocional que lleva a – entre otras cosas– la adicción, la violencia, la inequidad. Ni voy a hablar de los mitos y los héroes que nos creamos a falta de modelos reales…

Y para que no digan que me regusto en lo negativo, celebro la campaña “Alimenta el espíritu” de Iniciativa Comunitaria. Por la manera en que Iniciativa realiza su trabajo, hace posible que mucha gente buena colabore desde afuera; pero también nos confronta de cerca con la realidad que tratamos de ignorar. Me anima que más gente se fije en el significado de la solidaridad, y dejen de hablar de “los valores” como cosas abstractas.

Por último, para que no se crean que no tengo alma ni tengo corazón (parafraseando a algún personaje de TV), les comparto algo personal: este fin de semana celebro 20 años de compañía de la ilusión hecha persona. Gracias, Ric. Tanto optimismo y esperanza desarman mis peores pronósticos en la vida.

A ver qué celebramos el próximo viernes.